Poesía | Tres avistamientos cerca del corazón de la Tierra, por Luis David Lopez Delgado

I

Las estrellas se empolvan 
       después de un largo rato 
sin verlas atravesarnos.

Empolvadas me desprenden 
       soy esa partícula que se adhiere 
extradesarrollada 
por falta de avistaje
despego y me derrumbo
       como viento vertical. 

Mundo, vacilo
los gritos de las bestias 
(el estruendo nace abandonado) 
el silencio se retiene, goza 
       en el suspiro que guardamos 
al sollozar o suspirar. Ambos 
aires desvalidos 
       instruido 
por el canto de la luz
la vida es también acostarse;
y nunca querer levantarse. 

Aprendí una canción desplomada
       es mi voz 
la tarareo cuando quiero ser 
       yo y los sonidos de la tectónica de placas. 

Solo yo 

       ¿aún preservo la conmoción? 
vibra en latencia 
       allá 
dispuesto en la cima céntrica 
de los matorrales hinchados te respiro 
te pienso adentro de una casa de campaña. 

Nosotros amor no
lo hicimos. 
       lo parimos; 
con extremada soltura. 
Al terminar lloré
inundando como los campos 
después de la sequía 
las nubes chocan 
para engendrar el rayo 
y después chubascar. 

En los restos volcánicos del Ceboruco 
tatué con grafiti nuestros nombres 
       después de exigir detenerte 
en la bahía de seguridad 
para fornicadora deleite soy. 

Me detuviste 
       y te me saliste 
              gritando que algo 
dentro de mí te había quemado. 

Te amarré con deseo de extinción. 
       que la lava que arda me la enfríes 
para de su roca perpetua hacer 
escultura: 
La catástrofe. 

Cuando vi las luces en el cielo
nadie en el pueblo me creyó 
una estación de radio clandestina 
en lo alto de la sierra. 

       Cuerpo que se hincha 
       con ebriedad de asombro. 

Trepé entre las ramas 
              oscuro. 

Y ese emitir, ese sonar, 
       Pim 
              Pim 
                     Pim
te quiero encontrar allá arriba. 

Es un cuarto oscuro lleno de pequeñas luces 
parece un planetario 
de materia triste. 
En el piso tendido:
el día que quise admirarte y no estabas. 
Hecho de agua hiperradial 
iluminado por tu combustión propia
espontánea: explota y vuelve hacia el centro con 
tu deseo de reacción. 

Una canción desolada dejaste reproduciendo 
grabada en 
transparente el sonido:
Un espécimen le canta a la Andrómeda 
y le jura con dolor esperar. 

Me recuesto a espaldas 
       tuya 
quiero ser tu cama. 
Te abrazo como abracé a la madre de mi novio 
cuando lo mataron. 
Hoy también estoy de luto nos mataron 
aquello que cantamos y en Hertz. 

Luis David López (Aguascalientes, México, 1999). Estudió Letras Hispánicas. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana en el «XIV Curso de creación literaria para jóvenes». Fue editor de la Revista Literaria Estudiantil Pirocromo. Fue beneficiado del PECDA Aguascalientes 2025.

Escritor invitado
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