En el laberinto de México Máxico | Apocaléptrico

A un mexicano no le sorprenderá ir a una boda y encontrar a dos botargas del Doctor Simi uniendo sus almas en el altar. O quedarse en casa de un amigo y descubrir que la regadera es una eficiente botella de Coca-Cola agujerada. Tampoco se extrañará de escuchar a una banda de rock tocando una cumbia metalera mientras, a un lado, cruza la procesión de un santito y, por atrás, Spider-Man reparte condones a un grupo de ancianos.

Si usted no ha visto un TikTok así, le ruego, DEJE DE LEER AHORA y busque estas dos palabras: México Mágico.

Ya no iba a dar más ejemplos, pero…

  • el Grinch enano vendiendo chicharrones al Joker en el metro,
  • el globo aerostático aterrizando en una avenida,
  • un niño cargando un elote de metro y medio (con mayonesa y chile y todo),
  • el señor que ganó el concurso de baile con su perro,
  • la discusión entre el policía y Optimus Prime (sí, el transformer),
  • el caballo que entra a la tienda de autoservicio,
  • la carroza fúnebre que le hace de Uber,
  • Paquita la del Barrio visitando la tienda “Paquita” en su barrio.

Imagínate vivir en Europa y perderte de esto, decimos. México supera a la IA, México es más surrealista que las pinturas de Dalí, México es barroco, los mexicanos son un desmadre, ¡México, nunca dejes que te manden a terapia!

Sí, pero… ¿por qué? ¿Qué fuerzas primigenias causan estas singularidades en el ombligo cósmico? ¿Qué cadena de vectores desembocó en un pecero que exhibe orgullosamente el retrato de Shrek compartiendo una rosca de Reyes con Luis Miguel?

No poseo yo la videncia chilam para identificar el punto en el que comienza y se repite el mundo; ni la vocación enciclopédica de un Sahagún para compilar la infinidad de rarezas que confluyen en este país de países. Ahí le fallo, joven. 

Pero, si me lo permite, le manejo el método de la interpretación del taco. Consiste en rodear de palabras una serie de fenómenos que se disfrutan sin necesidad de palabras. ¡Gran problema para un escritor amante de los tacos! El riesgo es tan grande como explicar un chiste. Y, peor tantito, no se me da la lírica; un buen taco merece poesía, la única forma que podría rebasar los límites del renglón para tocar el paladar. Así pues, como no puedo reconstruir la salsa en su boca, me enfoco en traducirlo a cosquillas mentales. Y en un momento le daré una muestra.

Antes que nada…

…buenos días.

…y también algunas precauciones críticas. Si usted busca interpretar lo mágico de México, tome en cuenta los siguientes riesgos:

  1. La pregunta no puede ser: ¿qué es México?, ¿qué tienen en común los mexicanos? El último intento fue un laberinto. Tuvo algunos caminos acertados, pero un problema arquitectónico fundamental: no hay un México, no hay un “chip” mexicano, ni hay una esencia subterránea de la cual brotan cada uno de los videos en TikTok. A diario montamos el espectáculo, pero no hay guion. Es entretenido porque es funcional y viceversa. ¡Es sorprendente porque no nos extraña! Asumimos como posibles cada uno de esos testimonios con el hashtag #MexicoMagico,  pero nos reímos porque son coincidencias auténticas. O, en el caso de perros con lentes (que, evidentemente no son coincidencia, sino humanización voluntaria), #MexicoMagico es una ocurrencia (en el sentido cósmico y el ingenioso).
  2. Un mexicano no está orgulloso de tener una botella de Coca-Cola agujerada en lugar de una regadera. ¡Está orgulloso del ingenio postapocalíptico que le permite resolver problemas a corto plazo! Creo que, al menos eso, no es privativo de México, sino un rasgo del Sur Global. En términos técnicos (más estériles, pero más precisos), la adversidad de infraestructura para la población la vuelve resiliente y el producto es un aumento en la densidad cultural.
  3. ¡El ars combinatoria Mexici supera el azar surrealista! Detrás de cada Doctor Simi perreando al ritmo de un claxon y detrás de cada torta de refresco de manzana, hay una cadena de variables socioeconómicas, simbólicas, de género, políticas y rituales. Por eso se asustó Dalí. El surrealismo sólo fue una parada en nuestro collage.

Aquí la muestra. Si no le gusta, no paga.

Apocaléptrico

En octubre de 1987 se inundó la casa de mis abuelos. Víctimas: muchas fotos y el conejo de mi tía. Aprovechando el desastre, le sumaron un piso a la casa. Sabiduría ancestral: si la pirámide tiene fallas estructurales, construye otra sobre ella. Vamos a hacer que el templo sea Mayor. Mi abuelito también era electricista, entonces decidió poner él mismo la instalación. Sin embargo, carecía del tiempo y/o la minucia para trazar un plano. Además, aunque le gustaba la mecánica, siempre tuvo una inclinación hacia la narrativa literaria. 

Nunca supe si se le cruzaron los cables a propósito o si fue accidental, pero en lugar de montar una red lógica, más bien tejió los canales y octagonó las cajas. El producto es algo así como un cubismo inmersivo donde puedes prender la luz de la sala desde la cocina. O activar unas bocinas desde la recámara principal y apagar la tele desde la azotea. Con los años, en lugar de corregir el problema, cada una de las generaciones que ha pasado por la casa, no sólo se aprendió las reglas, sino que añadió su propia extensión a la telaraña. 

La estrategia es barroca. Y un barroco novohispano; no aritmético como el de Bach. Escénico, enredado en su lógica interna: ¡no eches para atrás la instalación! No destruyas la Iglesia hasta sus cimientos, mejor renuévala del núcleo hacia afuera, expande las membranas; pero, eso sí, prohibido atentar contra las tradiciones. La telaraña eléctrica es dogma, reinterprétala jalando los hilos para tejer más. Y un día, Dios quiera, el entramado de afuera reformará al de adentro. Eso sí. No se tomará ninguna decisión sin antes convocar a un Concilio con pozole.

Héctor Sapiña Flores (Estado de México, 1990). Ensayista y fan. Maestro en Letras (UNAM) y maestrante de Comunicación (UACH). 2º lugar en el premio de ensayo sobre una Sociedad Sustentable de la Revista de la Universidad (2021). Colabora en diversos medios, en 2024 publicó Crasística en Periódico Poético. Es miembro de la Sociedad Tolkiendili México, columnista en Palabrerías y en Fragmentos del Sur. Coordina el canal Aristarco y Fray Manuel, donde se dialoga sobre la crítica de ciencia ficción mexicana. Ha impartido cursos de Narratología y Teoría de los Medios en la UNRC.


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Héctor Sapiña Flores
Héctor Sapiña Flores

Héctor Sapiña Flores (Estado de México, 1990)
Ensayista y fan. Maestro en Letras (UNAM) y maestrante de Comunicación (UACH). 2º lugar en el premio de ensayo sobre una Sociedad Sustentable de la Revista de la Universidad (2021). Colabora en diversos medios, en 2024 publicó Crasística en Periódico Poético. Es miembro de la Sociedad Tolkiendili México, columnista en Palabrerías y en Fragmentos del Sur. Coordina el canal Aristarco y Fray Manuel, donde se dialoga sobre la crítica de ciencia ficción mexicana. Ha impartido cursos de Narratología y Teoría de los Medios en la UNRC.

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