Margarita Chorné y Salazar (1864-1962)
Que hoy una mujer atienda un consultorio dental es de lo más normal, pero no siempre fue así. La odontóloga mexicana que picó piedra fue Margarita Chorné y Salazar, nacida el 22 de febrero de 1864 en la Ciudad de México. Proveniente de una familia de clase media alta e hija y hermana de dentistas, tuvo oportunidad de estudiar y practicar el oficio con sumo cuidado y dedicación, ya que su padre le dispensaba que eludiera las labores domésticas que su madre tanto se esmeraba por transmitirle para hacer de ella una buena ama de casa. Margarita, sin embargo, rehuía las clases de cocina o costura encerrándose a leer o escuchar música; hizo oídos sordos a los lamentos de su madre porque ningún hombre querría casarse con una mujer como ella: profesional e independiente.
En la época de Margarita las mujeres no tenían acceso a la formación universitaria, por lo que adquirió la suya asistiendo a su padre, Agustín Chorné, y también en el consultorio de Ignacio Chacón, hijo de Mariano Chacón (el primer dentista titulado en México). Una vez que Margarita dominó el oficio, quiso obtener el título que la acreditara como profesional de la odontología, así que se preparó arduamente para conseguirlo. Presentó el examen profesional en el Colegio de Medicina, a los 21 años de edad, ante un jurado que, dicen los testigos, la examinó con severidad. Un dato que llama la atención es que para que pudiera rendir la prueba no era suficiente con que comprobara sus conocimientos, los requisitos fueron: una carta de un dentista profesional que avalara sus conocimientos, tres cartas de personas “de reconocida solvencia moral” que dieran fe de la decencia y buenas costumbres de Margarita, y pagar 100 pesos (costo del examen). Margarita demostró que poseía el conocimiento fisiológico, anatómico y tecnológico para ejercer. Así, fue no sólo la primera odontóloga mexicana, sino también latinoamericana (1886).
Margarita tuvo una vida larga, falleció a los 98 años, en 1962; ejerció durante cuarenta años, Francisco I. Madero fue su paciente. La embajada de Francia le otorgó la Cruz al Mérito en 1908 por ser la primera mujer titulada en una profesión independiente en Latinoamérica. Además, fue la primera dentista en dedicarse a la cirugía y aplicar el éter como anestesia en este procedimiento. Actualmente, la Facultad de Odontología de la UNAM otorga el premio “Doctora Margarita Chorné y Salazar”.
Madelein François Calais
En el siglo XVIII, Madame Calais se convirtió en la primera mujer en obtener una licencia para ejercer como dentista (1735 o 1740). En esa época los conocimientos profesionales se adquirían de la relación maestro-aprendiz, así, Madelein lo fue del reconocido dentista parisino Claude Jaquier de Géraudly, hombre de ideas avanzadas. Al terminar sus lecciones, Madelein solicitó la licencia a la Sociedad Quirúrgica de París. Aprobó los exámenes y presentó buenas referencias de sus pacientes, pero como nunca antes se había expedido una licencia de odontología a una mujer, también enfrentó un gran obstáculo: el cirujano personal de Luis XV, quien afortunadamente cambió de opinión; “las mujeres trabajadoras e inteligentes deberían tener la oportunidad de ganarse la vida legalmente”, dijo.
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Mi curiosidad quedó satisfecha. Admiro mucho más a mi género después de leer las dificultades que las mujeres de siglos pasados tuvieron que superar para que las de hoy seamos lo que queramos ser ―como dice el slogan de Barbie―.
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En 2022 apareció Entre dientes (Alasyplumas Ediciones), libro de relatos de la autoría de Anita Armada Águila, cirujana dentista que plasmó aquí muchas escenas cotidianas en su consulta: niños con miedo a las agujas, personas con descuidada higiene bucal, personas solitarias que se desahogan a la menor provocación, personas con mal de amores, en fin.
La dentista escritora presenta personajes que andan por ahí sueltos, sin saber siquiera que lo son pero, al cruzarse con el ojo clínico de Anita, alimentaron su imaginación y sensibilidad para contar sus historias en esta serie de relatos breves.




