[La escena uno final]
A mitad de la noche. Luz blanca amarilla.
Un hombre descompuesto del rostro mira su reflejo en el espejo del baño, la mirada afectada por el desvelo insomnio y las preocupaciones; palpa sus ojeras, intenta borrar desdibujar las bolsas en de los ojos estirando su piel. Se toca los labios, heridos por la resequedad. Se abre descubre bien los párpados, la esclera tiene un tono amarillento. Abre la llave, parece que tose el agua al querer salir. Se inclina, su manos se recargan en las orillas del lavamanos. El chorro es delgado pero constante. Carraspea la garganta, escupe. Con ambas manos junta el agua, acerca la cara y la humedece. Repite lo mismo un par de veces más, con fuerza, como queriendo borrarse la cara. Se mira de nuevo al espejo.
Nota: Algo debe cambiar*
—¿Ya casi terminas, amor?
Sentado, mira la pantalla, el ceño fruncido, al lado de la computadora una hoja de papel. Deja de recargarse la pluma en los labios. —Sí, sí, sí, tengo la idea atorada, pero sé que ya no tarda en salir. —Por fin voltea a verla—. Lo que no sé es si esta escena será la inicial o la final, quizá un flashback. No sé, no sé, lo que sí es que ando inspirado. Ya tengo bien armada la historia.
—Perfecto, ya saldrá. Oye, ¿qué crees? No me ha bajado
—¿¡En serio!? Espera, espera, ¿cuántos días tienes de retraso?
—Dos, apenas dos.
—Se levanta, camina hacia ella, la toma de los hombros y la besa en la frente.
[Escena uno final]
A mitad de la noche. Luz amarilla.
Un hombre descompuesto del rostro mira su reflejo en el espejo del baño, la mirada afectada por el insomnio; palpa sus ojeras, intenta desdibujar las bolsas de los ojos estirando su piel. Se toca los labios, heridos por la resequedad. Se descubre bien los párpados, la esclera tiene un tono amarillento. Abre la llave, parece que tose el agua tose al querer salir. Se inclina, su manos se recargan en las orillas del lavamanos. Se inclina, se recarga las manos en el lavamanos. Carraspea la garganta, escupe. Con ambas manos junta el agua, acerca la cara y la humedece. Repite lo mismo un par de veces, con fuerza, se quiere como queriendo borrarse la cara. Se mira de nuevo al espejo.
Nota: no ha cambiado nada*
—No te quedes callada, dímelo.
—Te la pasas escribiendo tu pendejo guion, ¿tú crees que esto es un juego? Yo no quiero perder más mi tiempo
—Ah, ¿entonces estás segura que es mi pinche culpa?
—Teníamos un trato, lo intentamos todo y lo sabes.
Él aprieta el puño, retrocede hasta sentarse en su silla, levanta la pantalla de la computadora, teclea la contraseña
—¿Ves?, siempre es lo mismo, no tienes los huevos para cumplir tu palabra.
[Escena uno]
A mitad de la noche. Luz amarilla.
Un hombre descompuesto del rostro mira su reflejo en el espejo del baño, la mirada se ve afectada por el insomnio; palpa sus ojeras, intenta desdibujar las bolsas de los ojos estirando su piel. Se toca los labios, heridos por la resequedad, se descubre bien los párpados, la esclera tiene un tono amarillento. Abre la llave, el agua tose al querer salir se inclina, se recarga en el lavamanos. Carraspea la garganta, escupe. Con ambas manos junta el agua, acerca la cara y la humedece. Repite lo mismo un par de veces, con fuerza, se quiere borrar la cara el rostro. Se mira de nuevo al espejo.
Nota: Aún no cambia nada*
Mira la pantalla de la computadora, alrededor bolas de papel mal empuñadas, una taza vacía, resquebrajada de la boca. Gira el lápiz sobre la mesa, sobre el único papel en el que no ha podido anotar. Mira sin parpadear la pantalla de la computadora, alza el lápiz y se lo mete a la boca, lo atrapa con los dientes, mientras sus dedos se posan en el teclado, inmóviles.
[Escena final]
A mitad de la noche. Luz amarilla.
Un hombre descompuesto se mira su reflejo en el espejo del baño, se ve la mirada afectadao por el insomnio; palpa sus ojeras, intenta desdibujar las bolsas de los ojos estirando su piel. Se toca los labios, heridos por la resequedad, se descubre bien los párpados, la esclera tiene un tono amarillento. Abre la llave, se recarga en el lavamanos. Carraspea la garganta, escupe. Con ambas manos junta el agua, acerca la cara y la humedece. Repite lo mismo un par de veces, con fuerza, se borra el rostro. Se mira de nuevo al espejo.
Nota: No sé qué cambiar.
La escena
A mitad de la noche, con una iluminación amarilla, un hombre descompuesto se mira en el espejo del baño, se ve afectado por el insomnio; palpa sus ojeras, se toca los labios, heridos por la resequedad; se descubre bien los párpados, la esclera tiene un tono amarillento.
—¿¡De qué te sirve tu imaginación, tu talento, tu arrogancia!? No puedes ser un simple hombre.
Abre la llave, se recarga en el lavamanos. Carraspea la garganta, escupe. Con ambas manos junta el agua, acerca la cara y la humedece. Repite lo mismo un par de veces, con fuerza, se borra el rostro. No se puede mirar de nuevo al espejo.

Yobany García Medina (Estado de México, 1988). Escritor, docente e investigador. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM). Maestro en Literatura Mexicana en la UNAM. Ha publicado en múltiples revistas y antologías, nacionales e internacionales, tanto de creación como de investigación.



