Cuento | Dalia, por Michel M. Merino
Ramón arrojó su maletín y su saco apenas entró a su departamento. Se quitó los zapatos mojados y fue directo a la cocina por algo para cenar; moría de hambre desde que había salido de la oficina, pero de haber…
Ramón arrojó su maletín y su saco apenas entró a su departamento. Se quitó los zapatos mojados y fue directo a la cocina por algo para cenar; moría de hambre desde que había salido de la oficina, pero de haber…
El taxi se detuvo a la mitad de la cuadra, detrás de un Yaris negro con el parachoques abollado. Era un Yaris viejo, cubierto de polvo y, probablemente, llevaba un buen rato en la misma posición. El chofer gruñó y…
Era otra vez Dios, cuyos brazos apretaban la tierra como dos tenazas de cólera. Dios vivo y enojado, iracundo, ciego como Él mismo, como no puede ser más que Dios, que cuando baja tiene un solo ojo en mitad de…
I La piñata Los niños ansiaban este momento. Jadeaban aceleradamente, contemplando, con la mirada temblorosa y brillante, la piñata que colgaba en medio del salón a lo alto, oculta en la oscuridad. La acechaban a su alrededor, empuñando sus bates…
Érase una vez un tiempo en el que la oscuridad alumbraba más que la luz. En aquel tiempo, cuando las preguntas y las dudas se abrasaban con fiebre redentora, cuando el mundo aún se construía con el sudor de las…
Para Y. Lejos de la sensación efervescente de los perros muertos, de los reflejos insoportables de nuestros rostros en cualquier lugar de las plazas comerciales y de los últimos segundos del microondas que queman la comida: lejos de la…
Solo eran tres, estaban grandes y eran de las que volaban. Se encontraban en la caja del rincón. Primero salió una, corrió hasta que topó con mi mochila; no supo a dónde ir y quiso regresarse, pero ya la habíamos…
Desde el inicio la luz iluminó diferentes caminos y fue precisamente ahí donde mis ojos encontraron algo deslumbrante. La muestra, la prueba de mi no soledad entre las llamas y todas las cosas explotando a mi alrededor. Mil cosas daban…
La niña trepó velozmente los peldaños y se sentó al filo de la resbaladera, acomodó detrás de las orejas su enredado cabello castaño, alzó los brazos y gritó al deslizarse. Era la quinta vez, a lo largo de la tarde,…
Escena 1 La apuesta Un Poeta y un Payaso, la costa de Rubacava La ciudad yacía bajo el manto frío de la noche y un poeta salió del Café Nocturno tras terminar su recital de poemas sobre la luna (otra…
Despertó con un tremendo dolor de cabeza. Estaba confundido y se frotaba los ojos intentando reconocer el lugar. Sus pequeños cabellos pelirrojos se asomaban desordenados y caricaturescos bajo el sombrero azul de copa redonda. Se miró en el cristal que…
Hace tiempo que no la veía. Encontrarse con ella fue toda una odisea; para empezar, tuvo que esperarla hasta el mediodía con el sol cayendo a plomo en los confines de una parada de autobús atiborrada, todos desesperados por llegar…